141 de 365/ Nacimiento

Hace muchos años escuché que una persona nombró al Creador de Todo lo que Es como la Eterna Novedad. Lo recuerdo tan vivamente. Hizo mis delicias. Todavía me fascina ese nombre.

Por muchos años yo fui la eterna mismidad y en muchos aspectos lo soy y lo seguiré siendo, sin embargo, hoy me atrevo a festejar y reconocer también mi propio re-nacimiento a una vida que no podría haber siquiera soñado y que no habría tenido la magia y maravilla que tiene sin la presencia amorosa de la Eterna Novedad que me seduce a cada paso. Por supuesto, me hago la difícil pero, de vez en vez, me he dejado seducir. Y lo ha valido.

Sí, estoy dando un giro al festejo.

Desde hace muchos años estas fiestas de fin de año no son para mí un evento feliz. A fuerza de repetición, detecto rápidamente que empieza diciembre y yo me descubro con una tristeza que no sé ni de dónde viene. ¡Ah, claro! Es diciembre, me digo y no le doy mayor importancia. Desde luego, ahora sí estoy en el proceso de trabajar esta piedrita en el zapato, pero mientras tanto…

Por lo pronto, hoy leí una afirmación que puso palabras a mi sentir respecto a cantidad de frases enlatadas para estas fechas y otras fiestas como, por ejemplo, los cumpleaños: los deseos que intercambiamos alimentan fantasías. Breve, simple, directo al grano.

Por la tarde seguía rumiando esas palabras y me pregunté si una parte de esa añejísima tristeza mía era la certeza de que no habría buenos deseos suficientes para que mi mamá estuviera en la cena navideña una vez más. Se supone que en Navidad debería ocurrir lo inaudito, sin embargo, ella ha seguido muerta. Y en estas fechas su ausencia es más evidente todavía, la resiento más que en cualquier otra época del año.

Tampoco volvieron a suceder aquellas navidades de mi infancia, supongo que siempre las añoré en mayor o menor medida.

Hoy por lo pronto, tengo la certeza, de que aunque físicamente mi mami está ausente, su presencia, su legado está vivo en mí y en mis hijos. En realidad, si cierro mis ojos y elijo que creer que el tiempo no existe, cosa que me produce un placer casi infantil, puedo recordarla a ella con su sonrisa tan linda y ese carácter suyo tan bromista y ocurrente y también me puedo ver rodeada de mis tíos, primos y abuelitos en los festejos navideños.

Al actualizar mis memorias no me parecen irreales, vuelvo a sentir la felicidad, el frío y hasta el susto de aquella posada en que se me estaba quemando una trenza con la llamita de la vela. En mi mente, en mi corazón esas vivencias tienen el matiz de Quien permitió que las disfrutara: hoy, como hace años, siguen siendo una novedad. Son vigentes para mí.

Lo vivido, gozado, amado, reído no se ha perdido, sigue siendo mío y me produce un inmenso placer.

Con amor y gratitud,
Judith 🌹

 

Photo by Asael Peña on Unsplash

 

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