139 de 365 / El mismo discurso

La semana pasada platicaba con una persona, bueno, más bien yo “monologaba” con una persona que con gran paciencia me escuchaba. El tema es un asunto que es importante para mí, me preocupa y genera diversas emociones. Minutos después de haber guardado silencio caí en la cuenta de que este tema no solo lo había platicado antes con esta persona sino que, además, es muy probable que lo haya hecho en los mismos términos.

– Me parece que te dije lo mismo de siempre, ¿verdad? Mi discurso sobre este tema no ha cambiado.

– No lo había pensado, pero creo que tienes razón.

– Evidentemente, no lo he resuelto.

Pensé en lo que considero la prehistoria de mi vida y estoy casi segura que me pasó lo mismo que con este tema: años y años de las mismas preocupaciones, las mismas situaciones sin resolver, el mismo discurso con mínimas variantes. Y no solo las mías, también las de mi entorno, pues he escuchado cantidad de veces la repetición de la misma historia de las mismas personas. Vueltas y vueltas a lo mismo con el entusiasmo de siempre, pues cada vez que uno lo externa pareciera ser la única vez, el dolor, tristeza, preocupación o enojo parecieran ser nuevos, frescos, actuales, vigentes. Y lo son. La herida sigue abierta. El caso sigue sin resolver.

Hoy me pregunto cómo es posible que vivamos años y años apegados a un malestar, postergando su resolución. No lo sé. Pero es mucho más común de lo que estamos dispuestos a reconocer.

He resuelto muchas cosas en mi vida, pero estos días vuelve a detonar esa vieja situación de la que hablé al principio; sí, vieja, pues la verdad es que se trata de un tema de años respecto al cual nunca me atreví a tomar una decisión pues todas las opciones tienen sus pros y contras y todas me exigen hacer algo al respecto. Verdaderamente no sé cuál es la mejor opción, pero a estas alturas, después de años de venir arrastrando el tema, creo que lo mejor es hacer una elección, tomar acción y asumir las consecuencias.

Casi preferiría no hacer nada y dejar las cosas como están. ¡Oh, sí!, creo que comprendo más emocional que racionalmente porqué se estanca uno en la indecisión.

Tal vez un cambio de enfoque podría darme el impulso que me falta, pudiera convertirla en una extravagancia y decidirme a disfrutar el proceso. No sé.

Con amor y gratitud a la posibilidad de ver lo que me niego a resolver por la razón que sea, de cambiar mi enfoque al respecto y darle solución (aunque me de flojera 😉),
Judith 🌹

Photo by Goh Rhy Yan on Unsplash

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