136 de 365 / Extravagancias 9

Continúa lo escrito entre el 10 y 11 de noviembre.

Lo de hoy es extraño, pero es la expresión de lo que fue un inmenso ¡eureka! para mí.

La raíz más honda de aquella tristeza no estaba en ninguna de las razones “tristes” que encontré en el camino.

Eran las extravagancias y sus efectos positivos, la prenda que mencioné el día 128 y mi permiso para usarla, mi entusiasmo por Jardín de Meteoros, validarme a mí misma, descubrir que no necesito aprobación, disfrutarlo y compartirlo, darme permiso para escribir y para publicar parte de lo que escribo, es sentirme feliz conmigo misma, es disfrutar de pequeñas cosas y de mí misma en contacto con ellas, es sentirme tan yo misma y disfrutarlo plenamente, es ver mis luces y sombras y experimentar un profundo placer. Sí, el dolor estaba en las cosas “felices”.

La luz llegó con un brevísimo video de Louise Hay. Ella explica que una de las afirmaciones más poderosas es: “Me amo y me apruebo” y, al expresarla, sucede algo maravilloso, emergen una serie de mensajes negativos que son como un tesoro pues nos permiten ver lo que se interpone en nuestro camino. ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! Jamás lo había visto así.

Después de esos dos minutos mi rompecabezas interior no solo se iluminó, mi mago interior lo armó de golpe y en un instante comprendí y resolví quien sabe cuántas cosas. No hubo ninguna lógica, solo lo supe, así, de golpe. Fui feliz, lo soy, y escribí y escribí y lo sigo haciendo. Balbucearé como mejor pueda lo que comprendí y abracé en ese instante.

Esa inmensa tristeza era un bloqueo que emergió como resultado de las acciones felices. Supe que, para mí, las acciones felices fueron como las afirmaciones felices.

Y ese bloqueo, en mi caso, era ni más ni menos que una despedida no planeada, no prevista, ni siquiera lejanamente imaginada. Evoqué lo que me causaba dolor y comprendí que me estaba despidiendo de cosas que son importantes y queridas para mí y que, por tradición, por hábito inconsciente, por lealtad a mi sistema familiar o por la razón que sea, una parte de mí creía, sentía, sabía que no podía, no debía seguir conservándolas. Simplemente lo supe.

Años de toooooda mi vida y seguramente de la de mis ancestros de cállate, renuncia, alíneate, compórtate, no seas tú, cumple con las expectativas, no tienes permiso, sacrifícate y un largo etcétera de expresiones y hábitos similares profundamente enraizados en mí misma. No dudo ni del amor ni de los motivos positivos que puede haber detrás de estas expresiones y acciones, tampoco las juzgo, por el contrario, las agradezco, las honro y les doy su lugar. Reconozco que también gracias a esos patrones de conducta la vida siguió su curso hasta llegar a mí y a mis hijos. Hoy los veo, los acepto, los abrazo, me reconcilio, los suelto, los dejo ir y me libero de su yugo y, si opto por alguno de ellos, que sea en plena consciencia y para mi más alto y puro bien.

Con profundo amor y gratitud, decido que me doy permiso y a mi descendencia de conservar y disfrutar lo que nos hace felices,
Judith 🌹

Photo by Toa Heftiba on Unsplash

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s