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Continúa lo que escribí el 10 de noviembre. Otra capa de cebolla y las que faltan…

Sé perfectamente cómo va a sonar esto, pero es lo que hay. Yo sabía que en mi tristeza estaba presente todo lo que identifiqué en el camino, pero había algo más, una tristeza que venía aplazando y que no quería enfrentar ni darle mayor importancia por lo tonta, desconcertante y ¿dolorosa? Dejar de ver Jardín de Meteoros. Así como suena, ¡válgame Dios! En la vejez, viruelas 🙄(Lo consideraré como una extravagancia para elevar su estatus 😉).

Es una historia como cualquiera, pero que llegó a mi vida en el momento justo para que yo aprendiera lo que tenía que aprender a través de ella. Tenía miedo de que todo lo que estaba experimentando al verla se apagara. Tenía miedo de sentirme sola. Supongo que, después de todo, así son las emociones: imprevisibles, absurdas, desconcertantes.

Comprendí, pues, que había llegado el momento de despedirme y que de la misma manera en que mis células e inconsciente recordaron el aniversario de bodas que nunca ocurrió, también expresaban su adiós a esa pequeña dicha obligándome a moverme de ahí y avanzar. Estaba lista para quitarme la muletilla, lo sabía, pero no quería.

Pero, ¿porqué, porqué me pasaba eso? Era parecido a esa sensación, ese vacío que se siente al terminar de leer un libro o al concluir cierto periodo de tiempo, esa sensación en las tripas acompañada de la pregunta ¿qué haré ahora con mi vida?, pero multiplicado. ¿Por qué? No sé. Tal vez nunca me despedí apropiadamente de los personajes, historias y autores de mi infancia y adolescencia. Tal vez todas esas despedidas no reconocidas, no lloradas se juntaron en una sola y ahora, que puedo manejarlas un poco mejor, se me vinieron de golpe juntándose a la actual despedida haciéndola parecer mucho más dolorosa de lo que realmente era. Tal vez.

Finalmente, me pregunté por qué necesariamente tenía que despedirme de mis historias y personajes queridos si me causaba tanto dolor. Es más, ni siquiera tenía que hacerlo, ya me los he apropiado, han sido mis maestros, me han mostrado aspectos de mí misma que yo desconocía, me han modelado amorosa o ferozmente; me han invitado a soñar, me han fortalecido, instruido y empoderado.

La vida de muchas personas ha estado rodeada de familiares y amigos; la mía, básicamente ha estado rodeada de escritores, historias y personajes fantásticos y reales, así sucedió, supongo que así tenía que ser. Hadas, princesas, caballeros, dragones, brujas, elfos, caballeros Jedi, magos, vampiros y hasta Daoming Si son ya parte de mi historia de vida. Elijo que se queden conmigo, acepto que son parte de mí y está bien. No los despido, los reconozco, los veo en mí. Y está muy bien.

Con amor y gratitud,
Judith 🌹

Photo by JR Korpa on Unsplash

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