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Continúa lo que escribí el 10 de noviembre.

Así pues, salí a la caminar, desesperada, ansiosa, con el cuerpo hecho una cuerda tensa que no sabía no dónde ni cómo acomodar. Como un rompecabezas con todas las piezas en desorden y con la agobiante duda de no saber si están completas.

Mi hermana me regaña porque no descanso, lo sabe con ver mi buró atascado de libros, razón por la cual ya desentiliché un poco. Aunque dejé algunas lecturas pendientes, en este momento, me quedé con dos que no tienen nada en común pero, para variar, me han sorprendido con sus “coincidencias” y esto viene a cuento porque a las pocas cuadras de mi desesperada y desconsolada caminata me encontré con una señal que se comenta en los dos libros; la luna creciente. Me sentí muy sorprendida, no era una señal intelectual, que tuviera una explicación lógica, era una señal de consuelo y esperanza para mí. Ese día, en ese momento, en esas circunstancias fue para mí una señal inconfundible que me recordó que no estoy sola.

Después del éxtasis de la sorpresa, pude cambiar el enfoque de los reflectores y moverlos de mí misma para observar a la gente: grandes, pequeños, hombres, mujeres, cada uno una historia única, especial, cuidada y protegida amorosamente por su Creador y su Ángel Custodio.

De la misma manera como yo vivo mi vida, sintiéndola única, especial, diferente, así viven ellos las suyas, con sus alegrías y desencantos.

Mi vida, su vida tu vida es única y cada uno somos el protagonista de la misma, aunque muchas veces no nos sintamos más que personajes secundarios o como el que barre el escenario y que, por lo mismo, no tiene el menor protagonismo o reconocimiento.

Observé las expresiones faciales, escuché los comentarios al pasar, extrañamente sentí alivio al ver parejas tomadas de la mano, en un abrazo o un beso. Todo estaba ahí, todo, la alegría, el amor, la vida, así como el enojo, la frustración y la tristeza que todos guardamos en algún rincón y que tarde o temprano habremos de resolver… o no, según decidamos.

Caminé hasta quedar físicamente adolorida y con el corazón en paz. La inesperada señal y la muchedumbre me salvaron. Gracias a eso pude estar receptiva y lista para quitar otra capa a esta cebolla. Pues me parece que la tristeza de días pasados tiene varias capas, algunas de las cuales apenas voy comprendiendo.

Con amor y gratitud,
Judith 🌹

Photo by Hans-Peter Gauster on Unsplash

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