131 de 365 / Extravagancias 4

Continúa lo que escribí el 10 de noviembre.

Pocas veces me he sentido como escribí el día 130. En su momento identifiqué algunas causas probables: estar en un nivel de estrés y ansiedad continuo que yo misma no había dimensionado. Estoy en unos días de descanso laboral, así que al no tener la presión de una agenda y un horario mi cuerpo y mi corazón supieron que estaba a salvo y en libertad de dejar que fluyera el sentimiento. El desaliento por no haber terminado antes mis pendientes y, a pesar de que, para variar, me reventé el puente de Día de Muertos, la mitad de mis vacaciones anuales fueron de home office. Estoy dando mis primeros pasos en la escucha de las señales que me envía mi cuerpo, es un campo nuevo en el que no tengo experiencia, tal vez siempre se ha sentido así el dolor, pero aprendí a ignorarlo de alguna manera. Tal vez.

Al segundo día en estas condiciones, me di cuenta de que en esa fecha habría cumplido 26 años de casada. Me sorprendió tanto. Mi capacidad para olvidar fechas es legendaria. Solo pude pensar que esa información estaba en mis células, en mi inconsciente y no necesitaban de mi permiso para externar su dolor. Tener una causa conocida y mucho más probable que todo lo demás me proporcionó cierta paz.

A decir verdad, no es la primera vez que algo como esto me sucede en fechas muy señaladas, lo que no recuerdo por atarantada, despistada o por la razón que sea, me es recordado de alguna otra manera. Desde luego, escribí, dibujé un atormentado mandala, que en su momento no sirvió de gran cosa porque ahora resulta que amo todos los colores y mi visión de todos y cada uno de ellos es luminosa y optimista, así que ni como expresar el dolor y la rabia que ahora sentía, porque sabía que al final me iba a sentir bien; sí, un final demasiado predecible y sin la sensación de estar llegando a las capas más escondidas de la cebolla que estaba pelando, así que opté por rayonear hasta donde me lo pude permitir y llorar y llorar.

Aunque tenía pistas muy claras para explicar el llanto desconsolado e incontrolable y el dolor en el pecho, algo no acababa de hacer clic del todo. Sentía que todavía no tenía el panorama completo.

Cuando ya me parecía que estaba por dar por concluido este episodio se volvió a reactivar, no con la misma fuerza, pero otra vez la chilladera y yo a la espera, a la espera. Ayer me fui a caminar porque de verdad sentí que me volvería loca si no hacía algo.

Mi refugio y mi consuelo han sido siempre, absolutamente siempre, estar en casa o en contextos seguros como los talleres y la terapia; ayer, por primera vez, esa magia sucedió en la calle en medio de la multitud.

Con amor y gratitud,
Judith🌹

Photo by Jess Watters on Unsplash

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s