125 de 365 / Me otorgo el permiso de decidir

Decidí escribir inmediatamente después de la entrada anterior para no perder esta sensación de malestar que me ha ocasionado lo que escribí. No es la primera vez que esto sucede, pero hoy me parece conveniente continuar escribiendo y aprovechar la experiencia y la consciencia de esta molestia.

Las últimas semanas he estado trabajado con la energía de un arquetipo (que todavía no sé cómo nombrar o clasificar), que, con el mayor descaro se me hizo presente. Ha sido un maestro con el que he tenido una experiencia interesante y feliz Una de sus lecciones ha sido enseñarme a decir:

Yo, Judith, hago las cosas a mi manera. Yo decido lo que quiero hacer.

¿Acaso Judith no hace las cosas a su manera y no decide lo que quiere hacer? ¿A su edad?

Ciertamente, hay cantidad de cosas que hago porque quiero y como quiero desde siempre. Pero también ha habido una parte de mí extremadamente preocupada por recibir la aceptación de los demás y, con tal de satisfacer la ilusión de obtenerla o de no perderla, he actuado en contra de mí misma contrariando desde caprichos hasta profundos anhelos.

Otra parte de mí ha tenido miedo a ser auténtica, genuina o, con la hermosa palabra que usa Brené Brown: vulnerable. Efectivamente, ser auténtica, hacer las cosas a mi manera, decidir lo que quiero hacer y cómo hacerlo me expone a ser vulnerable.

En este momento recuerdo que la semana pasada leí algo muy similar en un libro de Enric Corbera sobre el profundo conflicto de satisfacer la necesidad de revelar nuestros valores al mundo y mostrarnos como deseamos hacerlo, o bien, ocultarnos y procurar agradar para protegernos; sí, esto último es hipocresía, pero, tenemos la creencia de que nos salva de un miedo a la soledad del que, a veces, ni siquiera somos conscientes.

Escribir y publicar “yo, Judith , puedo hacer con mis 365 días lo que me plazca” no es una afirmación con la que me sienta cómoda sin más. De hecho, hasta la siento algo irrespetuosa, irreverente, grosera, ¿cómo es eso de que en público afirme que hago lo que me da la gana y más cuando estoy expresamente dando respuesta a una persona? ¡Qué pena, que va a pensar de mí!

¡Oh, sí! A tal grado me he ocultado inclusive de mí misma. Sin embargo, con mis lecturas descubro que no soy la única que lo experimenta y, además, estoy convencida de que verlo y expresarlo es aprender, sanar y liberar un secreto: el de la hipocresía vivida tantos años consciente o inconscientemente, con tal de sostener la ilusión de ser aceptada y estar en la compañía de las personas importantes para mí, empezando por mis propios padres.

Hoy abrazo compasivamente y doy reconocimiento a mi miedo a la soledad y a mi miedo a no ser aceptada, han sido mis maestros por muchos años y, aunque no por eso dejan de incomodarme menos, hoy les doy su lugar, tanto como a la posibilidad de ser auténtica.

Con amor y gratitud,
Yo, que puedo elegir hacer las cosas a mi manera, Judith 

Photo by Brian Harris on Unsplash

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