124 de 365 / Pausas

Una persona que me quiere bien me preguntó porque he dejado de escribir.

Cuando empecé a hacerlo estaba en un momento estable y feliz. He avanzado tanto, pensaba, ¿qué podría suceder aparte de cubrir una cuota de 365 escritos? Pues nada, ocurrió la vida.

Por principio una gran carga de trabajo en el ámbito laboral que me ha puesto frente a frente con algunos de mis demonios personales. Ha sido una guerra sin cuartel de la que estoy absolutamente determinada a aprender lo que tengo que aprender pues estoy convencida de que nada es casual. El costo: semanas de agotamiento y una especie de embotamiento emocional que me impedía contactar conmigo misma y mis emociones, rarísimo. No podía escribir así y, sin embargo, con tal de cumplir, lo hice inclusive de madrugada.

Semanas de recuperación, sanaciones, lectura, escritura personal y esa magia que de pronto me sale al encuentro y, otra vez, Judith de vuelta.

Comprendí que este reto no podía seguir a costa mía, de mi descanso y salud. Perdió el gozo para convertirse en obligación autoimpuesta (para variar). Desde luego que varias veces pensé en la posibilidad de seguir escribiendo sin estar necesariamente “en contacto” con lo que escribo, pero no me hizo sentido; me dije que simplemente podía tomar uno de los temas de la lista y hacer el ejercicio de escritura, pero no lo sentí auténtico.

Desde luego, que me rondaban muchas cosas por la cabeza del tipo: no perseveras en nada, no lo vivirás como un verdadero logro, mejor déjalo, qué van a decir…

Hasta que decidí que yo, Judith , puedo hacer con mis 365 días lo que me plazca y los puedo repartir en mi vida como se me antoje, siempre y cuando al final de cada uno de los 365 escritos yo pueda decir con absoluta sinceridad: con amor y gratitud.

El reto fue lanzarme a iniciar y lo hice. Fui valiente. Escribí en condiciones totalmente adversas. Fui valiente. Dejé de hacerlo cuando no pude más. Fui valiente. Lo he retomado conforme me siento óptima para hacerlo o por lo menos en contacto conmigo misma, aunque esté cansada o no del mejor humor. Soy valiente. Un paso de bebé a la vez, incluso para el reto. Y está bien.

Mi proceso de autoconocimiento no se ha detenido. Sigue vigente y llevándome de un gozo a otro, de un descubrimiento a otro. No dejo las terapias, los talleres y los cursos. Cada vez tengo más por compartir y, al mismo tiempo, menos, pues algunas cosas se viven mejor desde el silencio.

Con amor y gratitud,
Judith 

 

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

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