123 de 365 / Espejo

Hace algunas semanas que tengo lo que para mí es una bellísima sonrisa de fondo de escritorio. Mirarla y evocarla me hacen sonreír y sentirme muy complacida.

Esa sonrisa tiene sentido para mí por sí misma y por el contexto en el que la conocí: una historia de amor en la que él, enamorado, la observa a ella atento, en silencio, disfrutando y descubriendo sus movimientos y gestos, haciendo suya su imagen.

En el transcurso de esa secreta observación descubre sus incoherencias, sus tonterías, lo que hace cuando cree que nadie la ve, así como los gestos cotidianos y personales que la hacen única. A ella no siempre le hace gracia saberse observada, pero tarde o temprano se deja mirar porque comprende que es amada.

No coloqué esta mirada con fines románticos (bueno, sí un poquito), sino para recordarme cómo mirarme a mí misma. Para hacer mía esa mirada complacida, sin juicio, sin expectativa.

Ya antes escribí que procuro estar atenta al observador que soy de mí misma. Antes no pensaba en esto, pero tampoco era consciente del gran descontento y la completa descalificación con que me miraba. Hoy, después de mucho trabajo personal, puedo descubrir que el observador que soy ha ido adquiriendo una cualidad tranquila, alegre, algo divertida; no espera nada, solo mira, conoce, descubre, comprende y sana.

Admite que puedo recurrir a alternativas más funcionales, que pude resolver tal y cual situación con mayor acierto, pero no por eso se desdibuja su sonrisa. Sabe que soy. Sabe que estoy en proceso, que todo es perfecto, que estoy aprendiendo a vivir en paz en mi pellejo, en mi historia, en mi aquí y ahora.

Algunas veces tan solo me dice: “Tontuela, no es por ahí, es por la izquierda… ¡La otra izquierda!”. Me conoce tanto.

Y, para mi asombro y deleite, cada vez es más frecuente que descubra esa mirada y esa sonrisa radiante no solo de fondo de pantalla, sino también en el espejo. Jamás creí que podría llegar a conocerme y aceptarme de tal manera, Debe ser verdad aquello de que como es adentro es afuera, pues, además, empiezo a descubrirme observando a otras personas de la misma manera.

Con amor y profunda gratitud,
Judith 

 

Photo by Polina Raevskaya on Unsplash

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