122 de 365 / ¿Y?

El primer aprendizaje que me dejó mi adolescente interior es extraño pero poderoso. Veamos.
Yo tenía oculta a esa muchachita porque no me gustaba, me daba vergüenza. Ya lo superé, ya no estoy ahí, eso es pasado, ¡ajá!
Desde el peculiar punto de vista de que el tiempo no existe, yo soy, simultáneamente, Judith del pasado, del presente y del futuro. No he leído o estudiado nada sobre el particular, ni pienso someter esta creencia a debate alguno, pues se piense lo que se piense de ella, simplemente la he aceptado y, a decir verdad, me ha sido sumamente efectiva para sanar cantidad de cosas. Una de ellas es reconocer, desde mi particular punto de vista o manera de abordar esto, que sigo viviendo en los zapatos de mi negada y rechazada adolescente interior.
Usualmente queremos presentar nuestra mejor cara a los demás y a nosotros mismos, pero el haber hecho contacto con esta chica me mostró mi peor cara, o por lo menos, así la he concebido siempre. Gracias a ello me vi en la situación de ver y aceptar, durante varios días, esas peores caras que fueron desfilando frente a mí pausadamente, como regodeándose, en el transcurso del día y de mis sueños. Aquí estoy. Yo también. Mírame. Y no te olvides de mí.
No fue tan tremendo. Me resultó más difícil aceptar la contradicción, los grises, el yin y el yang; tal vez ese aprendizaje me preparó para aceptar sin tanto lío a la adolescente.
Fodonga, mugrosa, escandalosa, descuidada, gorda, fea, ridícula, exagerada, grosera, lenta, sin gracia, aburrida, fastidiosa, enojona, susceptible, odiosa y bla, bla, bla. Sí, he pasado por todo ello, lo he sido, lo soy y lo seré en el momento menos pensado. Todo. Aceptarlo, admitirlo y abrazarlo no ha sido aplaudirlo en modo alguno, ha sido mucho más importante y profundo: ha sido aceptarme a mí misma. Junto con esa aceptación radical y el poder reír con esa Judith que yo misma he despreciado sin cambiarle ni maquillarle nada hizo que creciera en mí la extraña sensación de haberme vuelto invulnerable. Así se lo comenté a una persona que le compartí esta experiencia y lo comprobé hace poco.
Alguien hizo un comentario sobre algo que yo hacía, por x circunstancia no escuché el comentario, pero sí la risa de los demás que se volvieron a mirarme; por un segundo comentario que hizo la misma persona comprendí que no fue algo grato. Para mi absolutamente enorme y gran sorpresa, no me importó y ni siquiera tuve interés por indagar qué dijo, porque sea lo que sea que haya dicho, pues sí, así soy, así me abrazo, así, aquí y ahora abrazo a la Judith pasado-presente-futuro princesa y sapo a la vez, que ingenuamente me quise ocultar, ¿y?
 
Con amor y gratitud,
Judith 🌹

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