114 de 365 / ¿Perder, ganar o todo lo contrario?

Hoy perdí/gané una batalla. Una situación francamente tonta y que podría haber resuelto sin darle la más mínima importancia me sacó de mis casillas. ¿Qué fue lo que pensé? Traigo la mecha muy corta. Acepto que soy de mecha corta, calma está bien, es lo que hay. Pero, ¿cómo es posible? ¡Qué pinche genio me cargo! Etcétera.

Y solo para que conste, yo solita elegí ponerme en el contexto que me ha generado más o menos malestar en últimas fechas y por el cual he presentado, en dos ocasiones casi seguidas, la clara sintomatología de un ataque de rabia, como hace mucho tiempo no tenía. En su momento, me arrepentí de mi decisión, desde luego; pero nada es casual, es justo ahí donde voy a aprender lo que tengo que aprender. La prueba está.

Perdí. En vez de hacer una pausa, furiosa, tomé una decisión que me va a representar un poco más de trabajo, pero que no necesariamente es fatal. Le otorgué a la situación un poder que no tenía.

Gané. Alrededor de una hora después (lo cual es realmente rápido para mis estándares), ya tranquila, tomé consciencia de que el punto no era ni el tamaño de mi mecha ni mis habilidades para enfurecer pues, recordando lo que he estado leyendo y trabajando sobre la sombra, cambié el enfoque: ¿por qué esta situación me hizo enojar de manera tan desproporcionada? Esta desproporción me muestra, sin lugar a dudas, que fue una reacción de mi sombra, es decir, de lo que oculto, no acepto, no admito, o no veo.

No he tenido el tiempo de analizar qué es eso que no veo, pero me alegra sobremanera que, a pesar de mi reacción y decisión, en un lapso de tiempo muy breve (para mis estándares, repito), entró en automático una perspectiva con la que tengo relativamente poco tiempo trabajando y esto está pero que muy bien.

Y no me aviento este rollo para echarme flores, sino para compartir una alternativa a estas situaciones, un punto de reflexión y otra muestra de que el trabajo realizado en uno mismo da frutos antes o después, ¡claro que sí!, aunque todavía me sienta a ciegas y en pañales con respecto a muchas cosas.

Es más, puedo agregar, con toda sinceridad, que mientras escribo me da risa pensar en todo el suceso, cosa que he esperado anhelante de otras situaciones, pues el humor, a mi modo de ver, muestra un cambio de perspectiva que puede ser muy saludable.

Con amor y gratitud,

Judith 

Photo by Marc Szeglat on Unsplash

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