113 de 365 / Semanas de silencio

Casual. Si he salido adelante de mi separación, ¡por supuesto que soy inmune a cualquier tipo de problemas, incomodidades o malestares! En mi vida todo marchará sobre ruedas. En pocas palabras, se separó, lo superó y será feliz para siempre. ¡Genial! Escribré y publicaré durante 360 días, ¿qué podría suceder en esos 360 días además de escribir?

La Vida, el Universo, el Creador de Todo lo que Es: Me encanta tu actitud, pero todavía tienes mucho que aprender. Y ándele, otra revolcada.

Creo que antes escribí que ahora le está tocando el turno a los grandes y no tan grandes temas de mi vida jamás resueltos, algunos hasta me parecían normales (¡vaya!, ni siquiera creía que eran “temas”), pero entendí que algunos son como si fuera normal traer una piedra en el zapato solo porque siempre ha estado ahí y no sé que es posible vivir sin ella.

Al leer a Brené Brown me topé con una afirmación que integré de la siguiente manera: si vas a compartir algo muy tuyo, muy personal, hazlo con quien se ha ganado ese privilegio y ¡yo publicando para que lea quién sabe quién! Ella misma afirma, según recuerdo, que comparte aquello que ya ha elaborado, no comparte situaciones sin resolver y menos con la esperanza de resolverlas frente al público o con la expectativa de cierta reacción con respecto a ella misma. Ella comparte lo que cree que puede servir a los demás de alguna manera.

Aunque escribo en un tono muy personal, estoy convencida de que mi aporte no es casual, tiene sentido, me hace sentido y me encanta que, al parecer, por primera vez en mi vida, me siento en perfecta paz respecto a los resultados. Escribo y dejo ir; que pase lo que tenga que pasar o que no pase nada. Y está bien. Me sorprende que simplemente no espero comentarios de ningún género ni por las redes sociales ni en persona y, salvo muy contadas personas, con nadie hablo sobre el particular. De hecho, a una sola persona le pedí expresamente que me leyera pero que no me hiciera comentarios sino hasta que pasara mucho tiempo.

Es algo que es mío y al mismo tiempo no lo es; es un movimiento interior que simplemente es. La maravilla de los complementario, ¡oh, sí!, ya comprendí que no son opuestos necesariamente, por ejemplo, mi sombra, que no sé ni explicar por qué cada día la amo más, tal vez es mi opuesto, pero también es mi complemento; es parte de quien yo soy aunque crea que no es así o ni siquiera me dé cuenta.

En conclusión, sin perder las paz, procuraré (¡cómo si se pudiera!) mantenerme alerta, expectante a esas situaciones dispuestas a levantar la mano para que tome conciencia de ellas y honre su presencia en mi vida. Y está bien.

Con amor y gratitud,

Judith 

Photo by Joshua Hoehne on Unsplash

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