Día 98 de 365 / Superpoderes

Las últimas semanas han sido muy a lo casita de Dorthy en el tornado, sin respiro ni descanso, entre el trabajo, estudios médicos y un diagnóstico inicial que me invita, muy a tiempo, a ponerme alerta sobre la vida que estoy viviendo.

Ya vi con absoluta claridad algunos de los patrones disfuncionales que, seguramente aprendí desde muy pequeña, pues lo han sido de toda mi vida. Verlos no fue fácil y cambiar el enfoque de “el problema está afuera” a “una parte del problema está en mí y de no solucionarlo lo seguiré llevando a dónde quiera que vaya”, tampoco lo fue.

Me he vivido en blanco, en el limbo, ni fu ni fa, solo agotamiento y sin manera de contactar con mi gozo interior. Una extraña sensación de nada, ni miedo ni ira, nada, como una existencia anónima, con gran dificultad para entrar en contacto con… con todo.

Ya empecé a caminar otra vez después del esguince (que, insisto, es el nacimiento de un superpoder que me empezó en el pie derecho), me enfoqué en la naturaleza en búsqueda de contacto con ella y conmigo misma y, curiosamente, me vi favorecida con vientos, llovizna y un sol ardiente que avivaron mis sentidos. Un pequeño avance.

En todos estos días una pregunta, ¿cómo se le hace para salir de este patrón de conducta, pensamientos y emociones si no conozco otra cosa y, además, estoy agotada? ¿Cómo?

Uno de mis patrones predilectos se mantiene a flote, no sé ni cómo ni a qué hora, pero no he dejado de leer los tres libros que estoy leyendo, aunque solo sea un párrafo. Tengo la absoluta certeza de que, inesperadamente, me habré de topar con las respuestas, tal vez no en los libros, pero es una acción que reafirma mi decisión de encontrar, aprender y el sentimiento de admiración y gozo ante lo nuevo.

Hoy, por lo pronto, até varios cabos. Hace unos días pensé en el amor absolutamente incondicional que le tengo a mis hijos con todo y sus rarezas y pensé en que tal vez me vendría bien cultivar y transferir esa capacidad a otros contextos.

Revivir la ternura casi maternal que experimento hacia mis pacientes y el gozo de verlos tranquilos y relajados me llevó a comprender: ese amor absolutamente incondicional y esa ternura casi maternal me los he negado a mí misma con una frecuencia mucho mayor de lo que puedo aceptar o siquiera darme cuenta y pude ver con claridad la dureza con la que me miro a mí misma.

Son dos superpoderes que ya conozco pero que reservo, inconscientemente, para otras personas. Y no significa que nunca los haya usado en mí misma, pero veo que en ciertas circunstancias emergen patrones prehistóricos que hoy me invitan a mirarlos, abrazarlos y agradecerles, pues, si ahora son disfuncionales, supongo que en su origen fueron una manera exitosa de salir adelante.

Con amor y gratitud,
Judith

 

Photo by Anson Antony on Unsplash

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