Día 95 de 365 / De la princesita a la reina

Hoy pude observar con completa naturalidad que mi punto de vista respecto a la situación que me ha hecho tanto ruido estas semanas ha cambiado. Ya no está todo el énfasis en la situación como causante de mi malestar, sino que ya puedo ver con serenidad mi estrategia disfuncional para resolverla (léase: los dramas que me aviento) y que ha sido una constante en mi vida frente a este tipo de circunstancias.

Algunos cambios de perspectiva o mentalidad los he realizado muy fácilmente, pero en esta situación he estado clavadísima, no solo por lo añejo de mi respuesta frente a estas situaciones sino por el orgullo involucrado, ¿cómo la princesita no se va a salir con la suya? Y lo dije bien, la princesita (arquetípica).

Sin embargo, al momento de ponerme en la posición resolutiva y mucho más funcional de la reina, me resultó sumamente frustrante despejar mi propia maraña por varias razones: sigo metida en el contexto del malestar, aunque he llegado a la conclusión de que muchas situaciones, lugares o personas son como el matrimonio: ambas partes tienen su parte de responsabilidad, algunas son fácilmente distinguibles y otras son similares a la pregunta sobre el huevo y la gallina, ¿quién fue primero? ¿Quién es responsable de qué? En mi caso, pareciera que se trata de una situación compartida a la cual nos hemos atraído mutuamente, confío, en lo que a mí respecta, para evolucionar y tomar las decisiones más apropiadas para mi más alto bien.

Había, también, otra pregunta que me tenía frita, ¿de qué me sirve darme cuenta (lo que me llenó de gozo) si no sé qué hacer, pues por costumbre siempre he tenido una respuesta única (lo que me llevó al drama)? Dicho de otra manera, ¿cómo doy solución desde otro nivel de pensamiento?

Todavía sigo sin comprender mucho del origen, las razones, las consecuencias y tampoco tengo muy claro qué hacer, pero la toma de distancia y perspectiva aligera mucho mi actitud y despeja mi mente.

Otra situación decisiva es el contacto con las realidades poco fáciles de otras personas que me permiten descentrarme de mí misma y abrazar mi sanadora interior en beneficio de los demás.

Sí, mi preferencia por carácter, personalidad, crianza o lo que sea es a la soledad, pero cada vez veo con mayor claridad que la resolución de mí misma sucede con mayor gracia y facilidad en contacto con los demás, sea o no en contextos terapéuticos.

Con amor y gratitud,

Judith 

Photo by Ashton Mullins on Unsplash

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