Día 92 de 365 / El intencionario

“Intuitivamente, cuando llega el momento apropiado para actuar, sé qué hacer y lo hago impecablemente, con la intención de obtener un bien mayor”.

Como ya antes he escrito, en los últimos años se me han venido en avalancha una serie de situaciones no resueltas de la prehistoria de mi vida y supongo que le ha llegado el turno a mi tendencia al perfeccionismo, al autosabotaje y a la maestría para llevarme sutilmente de un estado de completa felicidad al estado zombi. Sé que a lo largo del camino encontraré mil y una razones y posibilidades que me ayudarán a comprender y sanar este patrón de conducta.

Por lo pronto, una de las medidas que elijo tomar, es asegurarme de hacer por lo menos una de las cosas que me encantan al día, lo cual me lleva al tema de “hacerlas perfectas”  (como perfectos son los ciclos en los que me embrollo yo solita).

Por la mañana, al leer mis frases me topé con la que inicia este día y que parafraseé de algún libro de Chopra. Por supuesto que la parte donde dice “impecablemente” me viene muy bien para acabar siendo mi propia tirana, pero hoy no pude evitar leer dos veces: “con la intención de obtener un bien mayor” y, no sé por qué, recordé el fragmento de una frase que me quedó grabado en estos días de una serie de superhéroes: “es más fácil fracasar que tener éxito…”.

Pensé en la serie de ensayos y errores que representa lograr y aprender casi todo, muchos “fracasos” para llegar al “éxito”. Pensé también en que no todo depende de mí, hay un entorno humano que puede influir en mayor o menor medida para lograr que las cosas sean “perfectas” según doña Mi Ego. Es más, ni siquiera puedo contar con que yo estaré al 100% si me enfermo, tengo hambre, estoy cansada o atendiendo alguna emoción revolcadora.

Así pues, que tal si voy aceptando que hoy también será uno de tantos ensayos, me limito a disfrutarlo y que sea cómo tenga que ser. Suena padrísimo, pero se me revuelven las tripas, aquí y ahora, me hace rechinar los dientes, “o lo haces bien o no hagas nada” (la misma con lo mismo).

A ver, otra vez, regresemos a la palabra “intención”, ¿qué sucedería si más que enfocarme en los resultados me enfoco en la intención sabiendo que es ridículo querer controlar todo? Podría funcionar. Y, ¿cómo se aplica la “intención de obtener un bien mayor” cuando me veo en la necesidad de hacer algo que no me gusta o que preferiría no hacer? Supongo que la práctica me lo mostrará; por lo pronto, muy a mi estilo, se me acaba de ocurrir la loca idea de hacer un intencionario, una especie de acordeón de emergencia para casos desesperados.

Sin embargo, creo que esa intención que aspira al más alto y puro bien, da lugar a la actuación impecable, tal vez, no tanto por la actuación en sí misma o por sus resultados, que desde luego son importantes, sino por la intención que la sostiene y justifica. Y hay otra palabra clave que me encanta, intuitivamente.

Todavía, siento que algo falta, algo que está tomando forma y que aun no alcanzo a ver. Como sea, me quedo en paz y con la alegre expectación de quien sabe que sabe que será gratamente sorprendida.

Con amor y gratitud,
Judith 

Fotografía: rawpixel

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