Día 88 + 1 de 365 / Y sigue el camión

Estos días han sido de locura. Viaje de pie y con la mochila repleta. Y por supuesto que no he estado a la altura. La típica persona que sube al camión cargada de bolsas golpeando a todo a mundo, así merito yo.

No entiendo nada y supongo que justo a este punto tenía que llegar o no estaría aquí. Así pues, aunque no me guste nada, afirmo: y está bien.

Usualmente despierto bien y de buenas pero ayer por la mañana, no fue nada fácil, y mientras me bañaba pensaba en el día 87 de 365 y en mis hijos. Sé cómo se siente, me dije a mí misma.

Sé cómo se siente aceptar en paz irme parada en el camión. Sé como se siente aceptar sin absolutamente ninguna condición o expectativa. Sé cómo se siente el gozo interior. Sé cómo es mi luz brillando. Sé lo qué es y cómo se siente, aunque parezcan tan lejanos en este momento por el cansancio y la impotencia de no ser suficiente. ¡Diantres! ¿Por qué no se me ocurre escribir nada que me haga quedar bien parada?

Con la certeza de qué se lo que se siente, pude iniciar el día de ayer con cierta paz, con la decisión de abrazar el abrumador día que estaba por iniciar y que, excepto un lapso de dos horas y media de sueño parece no haber terminado aún.

No comprendo y más me cuesta ahora que me siento como la casita de Dorothy, a la deriva por los aires, sin la certeza de nada.

Me rindo.

Y sin embargo, repito insistente,

Con amor y gratitud,

Judith 

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