Día 86 de 365 / Papá

Hoy, a la hora de la comida estuvimos platicando con los gemelos sobre diversos temas y, después de tan grato compartir, me vinieron a la mente tres situaciones.

La primera es que nuestros hijos estuvieron la mayor parte de su vida conmigo; de pequeños, porque yo no trabajaba y me quedaba en casa con ellos, más adelante, entramos los tres a la primaria, ellos como alumnos y yo como maestra. De hecho, fui su maestra en primero y sexto.

La segunda, es que en cierto contexto me integro con dos grupos de personas. Ambos grupos se reúnen a la misma hora y yo estoy con uno de ellos y, más tarde, me integro al segundo. Si bien es cierto que esta dinámica tiene muy poco tiempo y no me he adaptado completamente, cuando llego al segundo grupo me siento fuera de lugar. Hacen comentarios de cosas sobre las que no tengo ni idea y siento una ligera sensación de que, después de haber tenido una estrecha relación, ahora tenemos muy poco en común, aun cuando las personas me reciben cariñosamente y tienen lindos detalles.

Por último, pensé en mi exesposo y en los padres de familia que llegan a sus casas después de estar todo el día en el trabajo. Después de que los hijos y yo estuvimos todo el día juntos, él llegaba a integrarse con un pequeño grupo de personas que tenía su propia dinámica en la cual él no estaba incluido. Comprendí su sentir cuando llegó a externar algo parecido a sentirse fuera de lugar o no necesitado.

Vuelvo a comprobar que muchas cosas no se comprenden hasta que se viven y también el valor que se requiere para, día a día, hacerle frente a ese sentimiento o sensación de desconexión. También empiezo a comprender porqué en casos como este, las personas juzgan o reprochan a las demás antes que reconocer cómo se sienten verdaderamente, pues no es nada grato y, para variar, están de por medio la vulnerabilidad y el no sentirse suficiente.

Observo que la interacción con los demás suele tener ciertas características predeterminadas, con tal persona nos damos un abrazo, con tal otra, bromeamos sobre lo mismo y con una tercera nos ignoramos, posiblemente esos patrones nos proporcionan cierta seguridad, sabemos qué esperar; sin embargo, en mi experiencia, si observamos con atención lo que sucede en el entorno y las emociones, sensaciones, imágenes y pensamientos propios, se empieza a descubrir que nada está garantizado, que la conexión y la comprensión pueden ser muy frágiles y que se requiere elegirlas y construirlas día a día. Admiro profundamente a quienes perseveran en este afán.

Con amor y gratitud,
Judith 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s