Día 84 de 365 / Los gemelos

Nuestros hijos, ¡qué maravilla! Desde bebés han sido mis maestros. Sin darse cuenta de que lo hacen, me muestran mi luz y mi oscuridad, ¡oh, sí!, esto de tener hijos no es cualquier cosa.

Me encantaría hablar de una hermosa historia en la que fui siempre la maravillosa madre que habría querido ser, pero no es así. Ahora que son adultos la situación es muy diferente, pero cuando eran pequeños, supe lo que era el cansancio, la frustración, la impotencia, el no poder más, la incertidumbre, el miedo, el enojo, el deseo de que fueran buenas personas y no saber cómo hacer mi parte para lograrlo en el día a día.

Llegué a sentirme completamente sola en esta misión. Recuerdo que, alguna vez, siendo ellos muy pequeños, sentí pánico de haber dado el paso de ser padres sin la posibilidad de dar marcha atrás. Cuántas veces me habría gustado salir corriendo, pero no lo hice.

Sus primeros años de vida no trabajé, estuve con ellos. ¡Cómo llegué a necesitar un respiro, un descanso, algo de perspectiva! Visité dos o tres guarderías, algunas horas a la semana habrían sido suficientes para que yo pudiera recuperarme, pero nada me convencía y regresaba desolada con mis dos niñitos de la mano. Los abrazaba muy fuerte y a seguir adelante dividida entre el cansancio, el gozo por su presencia, el dolor por mi madre recién fallecida, la ira y el miedo contenidos, las dificultades económicas, el placer de verlos jugar juntos, su interés por explorar todo… mi mundo emocional era un desafío en el que había matices y tonalidades infinitas con las que yo no sabía qué hacer.

Si el embarazo fue perfectamente feliz, sus primeros años de vida fueron los más duros para mí desde todos los puntos de vista; me di cuenta de la luz y la oscuridad de las que era capaz. no me ha sido fácil integrar esa época de mi vida. Hoy sé que hice lo que pude, no fui ni tan buena ni tan mala y está bien.

¿Cómo es posible que sin saber que era cisne, tenía alas y podía volar ya tenía mis propios polluelos? No lo sé. Por alguna razón estos hombres me eligieron como su madre. Y a la fecha siguen siendo compañeros de crecimiento, alegría y momentos muy divertidos.

Mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos, se han convertido en una poderosa fuerza de impulso que ha proporcionado gran bienestar a nuestra vida.

Con amor y gratitud,
Judith 

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