Día 82 de 365 / Porque me voy a morir. Y está bien

Hoy descubro que escribir con honestidad, aunque no siempre sencillo, ha sido profundamente liberador. Y esa es la palabra correcta: liberador, pues estoy liberando mis demonios, aceptándolos, mirándolos de frente.
 
Me parece que cada vez tengo menos que ocultarme a mí misma, así que mi inconsciente está tranquilito y sin el pendientazo de mantener oculta y cerrada la cloaca. Bueno, está bien, seguramente todavía debe haber tremendo tilichero por ahí, pero, vayamos un día a la vez. También se me ocurre que tal vez sea como una olla de presión que no corre riesgo de explotar, porque no hay presión. No lo sé. Tal vez. La cuestión es que me siento muy tranquila, en contacto con mi gozo interior y absolutamente receptiva al entorno, con muy poco de mi filtro personal (juicios, prejuicios, parloteo interior, sensiblería, etc.) estorbando.
 
Algunas cosas las he soltado así sin más, sin haber hecho nada más que escribir y, claro, compartir, que no es poca cosa. Supongo que este proceso por sí mismo ha sido profundamente sanador.
 
A veces me he cuestionado mucho sobre esto de escribir, escribir lo que escribo (hay otros temas que serían muchísimo más sencillos, menos comprometedores y definitivamente más populares) y publicarlo. Últimamente, cada vez que lo pienso o tengo dudas, particularmente, cuando me aturde el pánico por haber publicado alguna cosa, no tengo más que una respuesta que me viene naturalmente, sin pensarla: escribo porque me voy a morir.
 
Curiosamente, es una respuesta que no me asusta, me parece normal y es tan simple como que no pienso morirme y dejar inconcluso esto que ya empecé: mi trabajo personal, conocerme, sanar, escribir y publicar, por lo menos, estos 365 días, cumplir mi misión de ancestro abriendo camino a generaciones futuras, haciendo lo que puedo para despejar la parte que me corresponde de la pista de despegue que les permitirá volar más alto y más profundo dentro de sí mismos. Y si muero en el proceso, como va a suceder, es porque así tiene que ser y mi misión habrá quedado cumplida.
 
Me siento en paz. Y está muy bien.
 

Con amor y gratitud,
Judith 

 

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