Día 81 de 365 / Escribir y bailar

Por supuesto que me siento expuesta cada vez que me siento a escribir. Algunas veces me invaden las oleadas de pánico por lo que estoy haciendo, pero ¿acaso hay algún momento en que no esté expuesta y vulnerable de una u otra manera?

Un día me asustó tanto una posible interpretación que se le podía dar a lo que escribí que solicité retroalimentación a personas que sé que, con absoluta honestidad, me dirán lo que piensan. Es particularmente difícil cuando se trata de evidenciar aspectos de mi sombra, por ejemplo, ayer. ¿Por qué? Porque desde luego que tengo inconsistencias.

Quisiera decir que soy linda y buena y que amo a todos, pero eso no es verdad, no sería honesto. Por otra parte, es un hecho que trabajo en mi interior a las personas que no me agradan hasta darles solución, son mis maestras y, a veces, hasta terminamos siendo amigas, pero al mismo tiempo soy Mala Malota respecto a ellas y, en ocasiones, con ellas. Y ese es el panorama completo: luz y sombra y, sin embargo, ni tan buena ni tan mala. Y está bien.

Tampoco ha sido fácil cuando escribo sobre aspectos de mi vida que están resueltos solo en parte o que apenas estoy identificando y que no tengo idea hasta dónde me habrán de llevar o que después no sea capaz de resolverlos o no quiera hacerlo por la razón que sea.

Uno de esos temas álgidos es mi cuerpo. Pareciera que he vivido en otro lugar menos en él. La mayor parte de mi vida he tenido sobrepeso y, desde luego, que eso lo convierte en un tabú que prefiero evitar. Sin embargo, aunque sea hasta estas alturas de mi vida, he decidido trabajar en él y con él, hacer las paces y continuar este proceso de unificación.

Lo percibo así, como una unificación, pues poco a poco voy integrando partes de mi misma en una sola imagen, en un todo, en una pintura que poco a poco voy descubriendo y conociendo mejor. En este proceso de unificación y reconciliación, con todo y esguince hoy enfrenté varios demonios: mi imagen corporal poco favorecedora (la forma como yo percibo mi cuerpo), mis varios pies izquierdos, exponerme frente a gente con la que convivo todos los días y tomé mi primer clase de baile de ritmos latinos, la materia del día, ¡salsa!  (y no, no fue nada fácil escribir este párrafo y está bien).

Con amor y gratitud al inexplicable empoderamiento que obsequia la vulnerabilidad,

Judith 

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