Día 77 de 365 / Ausencias

El mes pasado fue el cumpleaños de mis hijos. Desde que amaneció yo me sentía triste y no sabía por qué. A media mañana recordé el 19 de septiembre y comprendí.
 
El 19 de septiembre del año pasado estaba en mi trabajo cuando tembló. Tenía una tristeza tan grande que no podía evitar llorar y llorar. Tenía necesidad de un abrazo y un compañero se apiadó de mí, pero no fue suficiente, había algo más.
 
Vinieron a mi mente algunos recuerdos de mi madre, que fue con quien yo estaba en el 85 y de uno de mis tíos que vivía en la Ciudad de México y cuyo testimonio me resultó muy impresionante. Ambos fallecieron en fechas posteriores al 85.
 
Me hice algunas pruebas musculares (kinesiología) y comprendí que estaba reactivando, reviviendo, rememorando o como sea que se llame, un duelo. Me hice una rápida sanación pero comprendí que simplemente tenía que permitir que el llanto fluyera y así continué con mi trabajo. Yo estaba tranquila, incluso platicaba y bromeaba con las chicas, pero no podía dejar de llorar.
 
Días después, en el Diplomado de sueños, la maestra (psicóloga), que nos daba la clase, nos preguntó sobre ese día, yo le narré mi experiencia y ella comentó que había tenido varios pacientes después del 19 a causa de algo similar, y puso en pocas palabras lo que yo había sentido, habíamos vivido la réplica de un suceso tan significativo, pero esta vez, en la ausencia de los seres queridos. Confirmé la conclusión a la que había llegado.
 
El día del cumpleaños de los gemelos fue exactamente lo mismo. Cuando nacieron, su papá estaba conmigo en el quirófano y mi mamá con una de mis hermanas esperaban afuera y, aunque yo no estaba ahí, es como si lo hubiera vivido, me platicaron que salió el pediatra con un bebé para llevarlo al cunero y les dijo “aquí viene un niño” y detrás de él, la enfermera, “y aquí, otro niño”. Ellas lloraban de felicidad.
 
El nacimiento de mis hijos es una fecha muy feliz y significativa para mí, hasta la cesárea disfruté, ¡cómo esperábamos a esas criaturas! Y desde luego, en su cumpleaños, recordé aquel día y las ausencias de quién trascendió y de quién eligió no estar con nosotros. En cuanto lo comprendí, trabajé un poco en mí misma, me abracé y pude continuar el día en paz.
 

Con amor y gratitud,
Judith 

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