Día 71 de 365 / La puerta

Más tarde comprendí que la puerta sobre la que escribí ayer ya estaba abierta, pues yo ya sabía lo había detrás, pero me tenía en shock, en proceso de asimilación, no sé. Y no es que no haya vivido experiencias similares, pero ayer descubrí algo completamente nuevo, que jamás se me habría ocurrido que existía en mí, pero que me hace perfecto sentido.

No es un asunto del que esté lista para hablar, aun cuando hoy amanecí feliz. Sí, lo sé, ¿quién entiende a las mujeres?  

Pero sí puedo y quiero compartir una de esas cosas que es tan obvia, pero en la que jamás había reparado. He estado trabajando con mi sombra, cosa que hasta hace unos pocos años me aterraba y hoy, extrañamente me fascina, aunque también me inspira cierto respeto, no lo voy a negar; con todo, y que no es cosa sencilla, estoy aprendiendo a integrar esa parte de mi persona, pero nunca se me había ocurrido integrar la sombra de mi historia de vida. No sé si tal cosa exista, probablemente sí.

La cuestión es que ayer se me vinieron una serie de memorias nada felices de mi vida, desde mi infancia y adolescencia, principalmente, hasta el presente y comprendí que todo eso es parte de mí y de mi historia de vida que ha permanecido oculta para mí misma, es obvio que ese olvido tiene sus razones, los psicólogos lo sabrán explicar mejor, pero ayer, yo decidí integrarlo a mi historia, decidí verlo de frente e imaginé, sin proponérmelo, como si dos caminos angostos (la historia que yo recuerdo y que ya me sé y que platicaría abiertamente y la otra historia que prefiero no ver o que honestamente no sé que está ahí y de la cual no hablaría con cualquiera), se unieran para formar uno más ancho, completo, al que no le falta nada.

Y aunque duele, humilla o avergüenza, esa es también parte de mi vida y, sin esa parte, no está completa, yo no estoy completa. Tal vez esa aceptación, sin condiciones, contribuyó a que hoy amaneciera despejada y feliz. Con una clara sensación de perspectiva de esas memorias que ya puedo ver de frente, y con las que habré de trabajar en su momento, pero en paz o en todo caso, sin drama (eso espero ).

Me siento tan feliz de escribir esto, de no derrumbarme, de poder ver a mi historia doliente sin miedo. Y aunque no es algo de todos los días, ni que me guste particularmente, no encuentro más que gratitud.

Con amor, gozo y profunda gratitud,
Judith 

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