Día 68 de 365 / Los maestros que menos me agradan

Es tan fácil creer que yo soy la linda, capaz y maravillosa de la historia, pero la verdad es que conforme pasa el tiempo de observación de mí misma descubro mi intransigencia y la gran dificultad que me representa aceptar a las personas que me hacen ruido, sea por lo que me hacen directamente o porque me choca su comportamiento. Y si agregamos mi enorme facilidad para anclarme en el malestar y tener a la persona en cuestión entre ceja y ceja, tengo para rato.

He aprendido a indagar en mi interior para identificar qué es lo que tanto ruido me hace y, una vez que me decido a hacerlo, de manera progresiva, voy descubriendo que tal vez me recuerda algo de otra persona que me genera malestar o algún episodio de mi historia de vida y, por supuesto, tarde o temprano identifico mi sombra reflejada en la persona en cuestión.

No es tan fácil hacer esto, me requiere de tiempo y la disposición de estar atenta y receptiva al aprendizaje que me oculta la presencia y acciones del otro, mirarme a mí misma, observar sin juicio y, antes o después, perdonarnos y aceptarnos a ambos.

Desde luego, que esta historia también tiene su lado retorcido y es ese extraño placer que me produce considerar a alguien como un bicho despreciable, la secreta satisfacción de juzgar y de sentirme superior o mejor y de querer escudriñar al otro hasta poder descubrir sus oscuras intenciones o su vulnerabilidad. Supongo que esto se debe, por lo menos en parte, a que es más seguro observar mi propia oscuridad cuando se la puedo atribuir a alguien más, sí, pero ¿de qué sirve un juicio estéril que no me llevará a nada? He vivido por años en esta situación con algunas personas y no me ha llevado a ninguna parte, no es más que darme muerte lentamente con mi propio veneno.

Por unos días está sabroso sentirse la neta del planeta a costa del prójimo, no lo voy a negar, pero la verdad es que mi necesidad de paz interior no me permite vivir con esta carga del arquetipo del juez por mucho tiempo y, hoy en día, más temprano que tarde, cierro lo ojos para poder mirar solo hacia adentro para encontrar y comprender la raíz de lo que me está matando.

Todavía tengo algunas personas del pasado por resolver y algunas del presente que apenas conozco. No me encanta decirlo, me resisto en algunos casos, pero todos y cada uno de ellos me muestran algo de mí misma que no puedo ver de otra manera si no es a través del reflejo que ellos me muestran. Esas mismas personas son el amor de la vida de alguien, así pues, creo que lo que está realmente por resolverse es mi percepción y sus razones, es decir, hacerme responsable de la parte que a mí me toca.

Con amor y gratitud para los que considero insufribles, maestros de oscuridad que me aguijonean para abrirme a la luz con mayor plenitud,
Judith 

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