Día 63 de 365 / El Universo que soy

Cuenta una leyenda urbana que tiendo a sobre analizar las cosas y, como toda leyenda, tiene algo de verdad. Hace poco una persona me decía que ya dejara ir una situación o no iba a avanzar. Posiblemente, me convenga encontrar un equilibrio o aprender a identificar en qué casos conviene el análisis o el dejar ir o determinar hasta dónde fue suficiente análisis. En teoría está muy bien, pero, ¿será posible en la práctica? Cada situación suele ser única y, de acuerdo a lo que he vivido, el dejar ir no siempre es solución; en estos últimos años he trabajado memorias de hace muchos años que no estaban resueltas; el tiempo, haberlas dejado pasar o el olvido no fueron suficientes.

Ciertamente, darle vueltas a las situaciones es agotador, particularmente, cuando lo hago desde el mismo nivel de pensamiento pues no llego a nada y es romperme la cabeza con más de lo mismo. Tal vez lo que sí podría hacer es refinar el proceso, por ejemplo, podría escribir la situación y leerla días después, como una manera de no traerla cargando, también podría generar una pregunta y leerla antes de dormir confiando en que la respuesta llegará a su debido momento.

Lo anterior viene al caso porque amanecí pensando en lo que escribí ayer y que hoy volveré a abordar  y en que no había pensado que muy probablemente mi tendencia a no quedarme en paz hasta no encontrar una solución que me satisfaga se refleja en lo que escribo como un continuo más de lo mismo. Podría disculparme, pero mejor no, porque mi objetivo sí se está cumpliendo aún cuando pueda aburrir, atiborrar, confundir o sacar de sus casillas a mis pacientes y queridos lectores, cuyo acompañamiento no doy por hecho y agradezco profundamente, pues son un tú que, sin duda, es un elemento hermosamente inesperado de este proceso 

Regresando al tema de ayer, no pude menos que reírme al caer en la cuenta de que mis contradicciones no son más que una manifestación de la luz y la sombra que naturalmente viven en mí y que me muestran el camino para crecer y aprender. Yo estaba tan enredada por el asunto de la contradicción y mi ego tan preocupado por el qué dirán (muy formal él, cumpliendo su misión ), que no se me ocurrió verlo desde este punto de vista desde el cual ya no tengo que luchar con mis contradicciones, sino simplemente aceptarlas y, en paz, navegar las aguas de la incertidumbre, lo inesperado, el aprendizaje y todos los claros, grises y oscuros que soy.

Recientemente compartí una imagen en la que se dice que somos algo mucho menos limitado que un mundo: somos un universo. Y en ese universo todo es posible y puede coexistir en armonía y en una progresiva expansión hacia la luz. Y, sin duda, está bien.

Con amor y gratitud,
Judith 

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