Día 50 de 365 / ¡Día 50!

Algunos días ha sido realmente difícil escribir, hoy es uno de ellos; me preguntaba por qué si de hecho siempre me ha gustado hacerlo.

Hice memoria. Usualmente escribo cuando tengo tiempo, estoy descansada y tengo algún tema que me mueve, puede ser algo que viví, reflexioné, sentí en las emociones o en el cuerpo, que soñé, anhelé o que mantuve oculto y quise que viera la luz; mucho de eso lo quemo como parte de un ritual que tiene la finalidad de sanarme, no de ser publicado.

Con el reto me estoy obligando a escribir con tiempo o sin él, descansada o cansada, con un tema previsto o sin él y, además, para publicarlo, ¡vaya!, no había pensado que me estoy obligando a romper mis propios límites. Estrellita para mí 

Otra cosa de la que tuve consciencia fue de la importancia de las emociones. Repasar los temas sobre los que deseo escribir y sentir, por la razón que sea, que ninguno me prende la chispa, es como querer lavar la ropa sin jabón; pero cuando se prende la mecha que une el corazón con el pensamiento, parece no haber límite, todo es posible. Y contactar el gozo de ser yo misma durante el proceso de escritura ¡es una maravilla!

Sin embargo, debo admitir que la aridez también ha sido luz, me ha arrancado palabras, me ha llevado a la toma de consciencia y a la maestría de mí en una faceta que no había explorado.

Puedo afirmar que hasta hoy me he sostenido en la fidelidad a mí misma y a la decisión de no escribir por escribir, sin sacar algún provecho, por lo menos para mí.

Con amor y gratitud,
Judith

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