Día 46 de 365 / Carta para mí

No sabría decir cuántas veces me he visto al límite, pero jamás se me habría ocurrido pensar que son momentos de oscuridad llamando a mi luz.

Durante mi prehistoria no sabía qué hacer ni cómo y, aunque hubo algunos avances, de manera general puedo afirmar que conservé los mismos patrones de conducta, pensamiento y acción; sin saberlo, me quedé en mi zona de confort, es decir, sumida en la oscuridad que tanto temía.

Hube de llegar a una obscuridad absoluta para emprender mi propio viaje del héroe y salir en busca de la luz que, finalmente, encontré dentro de mí misma.

Querida Judith:

Hay un Amor más grande que tú amándote desde siempre; hay una luz brillando en tu interior con un fuego que no se apaga nunca. Hay manos amigas que han acordado esperarte en el tiempo y el lugar precisos; no es asunto de fe, lo sabes, lo has vivido.

Cuando la oscuridad te rodeé o estés tentada a rendirte, reprimirte, esconderte o mentirte o te descubras haciéndolo, no temas, cierra los ojos, respira profundo, abrázate, mírate sin juicio, con ternura, recuerda que es la oscuridad invocando tu luz, regocíjate de antemano por el bienestar, el aprendizaje y el gozo que te aguardan y da el primer paso, nadie lo hará por ti; lo sabes, lo has vivido.

Con amor y gratitud,
Judith

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