Día 40 de 365 / Aquí y ahora

Hace meses sostuve un brevísimo diálogo con una persona, que conozco solo de vista, dedicada a dar cursos y desarrollar programas que promueven el bienestar a través de la meditación, el desarrollo de la inteligencia emocional, yoga y no sé que más.

– El aquí y ahora – comenté en respuesta a alguno de sus comentarios.

– No, eso ya está muy gastado.

* * *
No recuerdo si ya escribí algo similar a “no me imaginaba hasta donde iba a llegar”, “me sorprende que he llegado hasta aquí”, pues, de hecho, tengo la clara impresión de haber llegado, es más, sé que he llegado; sigo en camino, pero sabiendo que ya llegué.

Hace unos días me preguntaba a dónde es que había llegado. Mi vida es completamente ordinaria, tengo las preocupaciones, el cansancio y las alegrías que tiene cualquier hijo de vecina, ¿dónde está la famosa magia?

Mientras escribía uno de estos 365 días supe la respuesta; ya la sabía, pero no con palabras, pues no se me había ocurrido pensarlo, solo saborearlo: he llegado al aquí y ahora.

Viví años de ausencia de mí misma, años de ausencia del tiempo y el lugar en el que estaba; parecía presente pero no era así, ahora lo sé. Es cierto que sigo bastante metida en mi mundo y hasta creo que mi despiste y mi falta de ubicación espacial y temporal, que mis hijos aprovechan espectacularmente para diversión suya y mía, son, en parte, resultado de vivir en ese mundo, sin embargo, algo ha cambiado, pues, simultáneamente, estoy cada vez más presente. Y no es poca cosa.

Leí y escuché hablar mucho sobre estar presente, pero no acababa de estar segura de estarlo; cuando lo estoy, sé que así es sin ninguna duda y comprendo su magia y maravilla de manera más intuitiva que racional y empiezo a entender lo que he leído sobre el particular.

Posiblemente faltó ahondar en la conversación con aquella persona, pero, en el momento, me sorprendió, me desconcertó y, a todo lo que dijo después, le di poca credibilidad.

No estuve de acuerdo; mi respuesta fue el silencio. No sé debatir sobre el misterio, ni me interesa hacerlo.

Con amor y gratitud,
Judith

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