Día 36 de 365 / Vulnerabilidad 1

Durante una discusión, hace mucho tiempo.

– El problema soy yo, será mejor que me retire – dije. No recuerdo la respuesta que recibí.

Tiempo después, esa persona me regresó mis propias palabras.

– ¿Recuerdas aquello que dijiste sobre retirarte? Pues…

Aunque no recuerdo la respuesta que recibí, tampoco fue la que yo esperaba, pues, extrañamente, esa era mi manera de buscar reconocimiento y aceptación. Fue un patrón de conducta que repetí durante años con algunas personas.

– No puedo permitir que te retires, eres valiosa e importante para mí. Busquemos una solución – la respuesta que esperaba y jamás escuché.

Ninguna de las dos partes dijimos lo que realmente queríamos decir.

– Esto es muy importante para mí, quiero saber si también es así para ti – lo que posiblemente debí decir. Pero, ¿cómo podría haberlo hecho? Sería haberme mostrado vulnerable.

– Lo siento, a mí no me interesa – lo que posiblemente debió decir la otra persona desde el principio, tal vez temió lastimarme, al final, igual lo hizo.

Cuando descubrí que quien debía darme reconocimiento, aceptación y amor sin condiciones, en primera instancia, era yo misma, comprendí porqué la continua frustración, el dolor y las decepciones de no encontrarlo fuera, además de la necesidad de pruebas continuas de ser aceptada, reconocida y amada y de la sospecha de que alguien pudiera amarme sin condiciones.

– Mira tu luz, es tan brillante, me encanta, la amo.
– ¿Cuál? No veo nada, ¿acaso te estás burlando?

Curiosamente, yo no sabía que me estaba proporcionando a mí misma lo que tanto anhelaba (sí, lo sé, me he ocultado infinidad de cosas a mí misma a lo largo de mi vida), hasta que experimenté sus efectos.

Y acabo de enterarme, al escribir esto, que este romance conmigo misma no inició un bello día en que decidí amarme. No, fue cuando ya no podía más, cuando toqué fondo hace cerca de tres años y, después, lo confirmé aquella noche en que literalmente tuve miedo de morir asfixiada por el llanto y el dolor, cuando tomé el teléfono para pedir ayuda a quién yo sabía con absoluta certeza que con su magia me podía impulsar y conectarme con mi propia magia; en esos días obscuros fue cuando, sin saber que lo hacía, me planté de pie ante Judith y le dije:

– Te amo y salvarte lo vale sin reservas ni condiciones y te lo digo en este momento que no puedes ni tenerte en pie.

La voz al otro lado me confirmó en mi decisión con su absoluta incondicionalidad. Para ella y para mí,

Mi amor y gratitud,
Judith

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