Día 31 de 365 / Cansancio

Hay días que desde muy temprano sé sobre qué voy a escribir; otros días, como hoy, no tengo la más remota idea y, por si fuera poco, cuento con el apoyo incondicional a mis sueños brindado por la urgencia del descanso, que me impide conectar con las ideas que vagan por mi mente esperando su turno para expresarlas por escrito. Las ideas están ahí y las repasé, pero me siento como si no tuviera ni la capacidad ni el interés para desarrollarlas, las percibo como en un plano muy lejano.

Así pues, decidí escribir sobre el cansancio pues es lo único que me hace sentido; sin embargo, en cuanto terminé de escribir el primer párrafo una idea tomó forma, algo así como un lejano ¡eureka!

Veamos, el cansancio no es nada agradable para mí y menos cuando estoy al límite. En fechas recientes, a raíz de que me volví observadora de mí misma por el puro placer de conocerme, he registrado lo que sucede cuando tengo ciertas experiencias; y, en este caso, tengo una pequeña lista nada halagadora de efectos secundarios del cansancio.

Pero hace unos instantes, después de escribir el primer párrafo, surgió una idea, ¿y si mi cansancio tuviera algo así como una función de poner todo en perspectiva? ¿Y si fuera una manera de decirme: Judith obsérvate en este momento y piensa en lo que es realmente importante para ti?

Por ejemplo, estoy tan cansada que estuve tentada a no escribir, después de todo, si a mí se me ocurrió esto de escribir 365 días seguidos, igual se me podría “desocurrir” y todos tan tranquilos. ¿Qué pasaría si dejo de hacerlo? En última instancia, absolutamente nada. Sin embargo, aquí estoy, escribiendo a riesgo de que hubiera sido preferible que me callara, pero he decidido que es importante para mí perseverar en este ejercicio.

De la misma manera, si me pregunto qué es importante para mí, pareciera no haber confusión al respecto, pues se me hace presente de manera inequívoca, sin duda alguna y sin esfuerzo.

Tal vez no son más que desvaríos, pero también puedo constatar lo importante que se ha vuelto para mí aceptar y observar sin juicio a mis sombras y encontrar su luz. Después de todo, por algo están ahí.

Con amor y gratitud,
Judith

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