Día 22 de 365 / Legado

Desde hace muchos años, gracias a un maravilloso libro, empecé a cuestionarme sobre lo que sería mi legado. Anduve tropezando por acá y por allá, sin saber, sin sentir que lo había descubierto.

Después de tres años de trabajo personal, de entender lo que representa y del bienestar que me ha proporcionado y como consecuencia a mi descendencia, (gemelos, ¡ni se atrevan a contradecirme que esto es en vivo!), supe que este trabajo es mi legado. Así es, y además elijo creer que todo lo que “arreglo o soluciono” en mí misma tiene repercusiones, inclusive a nivel de ADN, en mis propios hijos y en los hijos de sus hijos. Suponiendo que esto sea una de las tantas cosas que me encanta imaginarme y creer como ciertas siempre quedará algo, un no sé qué, yo lo viví con mi propia madre.

Quienes la conocimos supimos lo que es tener una determinación absoluta por ser una mejor persona y lograrlo. En sus últimos años de vida, mi mamá cambió muchísimo, desde pequeños enormes detalles como entender los beneficios de abrazar y dejarse abrazar o decir cosas amables y agradables a las personas. Se volvió más alegre, sonriente, sencilla, bromista y bondadosa de lo que había sido y no fue farol de la calle, ¡oh, no! empezó en casa, para nuestro inicial desconcierto, empezó a abrazarnos a nosotras, sus hijas.

Todavía en últimas fechas, después de 20 años de que ella falleciera nos hemos enterado de algunos de sus gestos de bondad y generosidad que nosotros ni siquiera sospechábamos.

Estoy muy lejos de alcanzarla, o más bien, soy diferente a ella, pero eso no quita que soy su descendencia. Su testimonio me empodera. Y ella, junto con mis ancestros me han dado alas, todos ellos, hayan hecho lo que hayan hecho, hicieron lo mejor que pudieron y si no fuera por sus penas, alegrías y aprendizajes ni mis hijos ni yo estaríamos aquí. Y en algún momento mi legado se unirá a el de ellos, pues como entendí, gracias a una mujer sabia, aquí y ahora yo ya soy ancestro de los que vienen más adelante, sí, con mis luces y sombras, y está bien.

Con amor y gratitud,
Judith

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