Día 13 de 365 / Perséfone 4

Gracias a los arquetipos de Hades y Perséfone y a mis preciosas compañeras del Círculo de sueños tomé consciencia de que puedo mirar y narrar mi vida desde diversos puntos de vista: la víctima, la victimaria, la sufrida, la doliente, la aprendiz, con curiosidad, como una bendición, desde la magia (mi preferido, ¡obvio!), y elegir el que me proporcione mayor bienestar y más posibilidades de acción y solución.

Por supuesto que he necesitado valor y pedirle permiso a mi ego y a mis sentimientos e instintos, que claman justicia a todos los dioses del Olimpo, para narrarme desde una perspectiva de bienestar y responsabilidad.

Por regla general, he evitado hablar mal de mi exesposo, antes y después de mi separación, pero fui consciente de que eso no significaba que no lo hiciera en mi discurso interior. Y me di cuenta de que, aunque hacía lo posible por asumir mi responsabilidad en mi vida y de actuar desde mi zona de acción, la mayor parte de mi discurso interior era desde la pobrecilla Perséfone, víctima inocente del temible Hades y éste podía ser mi familia, mi pasado, algunas personas, el clima, la comida, mi trabajo y cualquier cosa de la que me llegué a creer víctima.

Aún más, después del comentario de mi compañerita, tuve tiempo para indagar un poco sobre Perséfone y supe que no necesariamente era víctima de Hades, que también obtenía beneficio de su situación, que no era tan blanca paloma y que, desde luego, yo tenía mucho en común con ella: puedo bien ser una fuente de vida, aprendizaje y alegría o una digna reina del Inframundo, ¡oh, sí!

Al revisar desde Perséfone mi vida de casada he comprendido que bastante paciencia me tuvo mi ex y que me toleró cosas que yo misma no le habría soportado a nadie.

Hasta hace unas pocas semanas, nadie me había preguntado abiertamente “¿quién fue el culpable?” No recuerdo mi respuesta pero, desde luego, me dejó pensando. En realidad, hoy día no veo culpables, sino responsables, o mejor, irresponsables, y lo fuimos los dos. Y está bien; en coherencia con nuestro nivel de consciencia no pudo ser de otra manera.

Con amor y gratitud,
Judith

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