Día 9 de 365 / Perséfone

Hubo un suceso que me platicaron hace muchos años y que me impresionó tan vivamente que aún lo recuerdo; en realidad no lo entendí y tal vez justamente por eso no lo olvidé.

Había una vez un señor encargado de proporcionar bienestar a las personas, tenía horarios para recibirlas y darles consuelo, llamémoslo el señor A. La señora B fue buscando alivio a sus penas y empezó a hablarle de su marido y el sufrimiento que éste le ocasionaba. El señor B ni siquiera la dejó terminar, la corrió. Y creo que esto se repitió una o dos veces más. A los que lo supimos nos pareció indignante, pero, también me preguntaba ¿por qué, por qué la corrió, por qué no la escuchó? ¿Por qué?

Evidentemente, nunca sabré qué fue lo que pasó pues yo no estuve ahí, sin embargo, después de conocer a Perséfone no solo recordé el suceso sino que tuve una posible explicación y le di un sentido totalmente diferente, no tanto al hecho en sí, sino a mi propio recuerdo y para mi propio bien.

Mi encuentro con Perséfone no fue nada fácil; ese día mi perspectiva cambió radicalmente y como era de suponerse no llegué a ella por la vía directa; antes hube de enfrentar mis propias pesadillas y conocer al magnífico Hades.

Con amor y gratitud,
Judith

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